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Proliferación del Catolicismo en el Valle de Tagua Tagua - Patrimonio Tagua Tagua.

Proliferación del Catolicismo en el Valle de Tagua Tagua

Por Juan Carlos González Labra, investigador sanvicentano

En la foto, un dibujo de la primera capilla de Los Rastrojos, San Vicente, propiedad de Cecilia Berardinuchi Nuñez, fechado en septiembre de 1912.

En los primeros años del siglo XIX, los católicos que habitaban el extenso valle de Tagua Tagua contaban con un número escaso de iglesias. La distribución administrativa que tenía en esos años la Iglesia Católica era en los llamados curatos. Así se llamaba al territorio sobre el que un cura ejercía su jurisdicción espiritual.

El valle de Tagua Tagua se encontraba rodeado de los siguientes curatos: por el oriente, se encontraba el curato de Malloa, al poniente el de Peumo, al norte el de Guacargue, y al sur, el de San Fernando. Como se puede apreciar, las distancias eran enormes para esos años, con caminos poco transitables y con la obligación de tener que cruzar uno o más ríos en las carretas tiradas por bueyes. Esta situación hizo que en los campos de Chile y en nuestro valle de Tagua Tagua, se adoptara la costumbre de construir en las casas patronales, un oratorio o capilla. Un ejemplo de esto, es la actual capilla de Pencahue ubicada en el fundo “Casas de Pencahue” de la familia Prado. Estos oratorios, debían solicitar su habilitación al Arzobispado de Santiago para poder ser considerados un lugar sagrado.

Por su parte, los curas hacían el máximo de esfuerzos por llevar hasta los rincones más distantes de su jurisdicción, la obra evangelizadora e impartir de la mejor forma posible los sacramentos a sus feligreses.  Es el caso del cura de Peumo, Antonio de Zúñiga (1758-1812), que  debía cruzar muchas veces a nado el caudaloso río Cachapoal para poder llevar su función evangelizadora a Toquihua y a la localidad que hoy lleva su apellido, Zúñiga.

Otras actividades que permitían llevar el evangelio a lugares distantes, fue lo que hoy conocemos como la Fiesta de Cuasimodo y las Misiones. Estas últimas, consistían en la venida de varios curas de alguna de las congregaciones existentes en  Rancagua o Santiago, que de manera itinerante iban por varios días o semanas a distintos sectores del valle, realizando numerosos bautizos, comuniones, primeras comuniones, casamientos y extremaunciones, a los fieles del sector visitado. Para ello, se utilizaban los oratorios o capillas particulares existentes en los fundos de la zona como Pencahue, Las Pataguas, Requegua, Tunca, El Tambo y Tagua Tagua, entre otros.

Desde los primeros años de 1800,  el valle de Tagua Tagua comenzó a tener una creciente población, por lo cual, la necesidad de mayor presencia religiosa en el valle fue una preocupación para la Iglesia Católica. Esa preocupación trajo como solución, la fundación de la Parroquia de San Francisco de Pencahue, en 1822. No se confunda con la actual parroquia Santo Toribio que existe en Pencahue (1894), me refiero a la primera parroquia que existió en el valle de Tagua Tagua y que se encontraba donde hoy está la subestación eléctrica de Endesa, en la calle Germán Riesco, y que en 1859  fue trasladada a la ubicación actual en la Plaza de San Vicente de Tagua Tagua, erigiéndose con el nuevo nombre de San Juan Evangelista.

Pero volvamos a las capillas privadas de los fundos. Con los años, los propietarios de estos oratorios o capillas,  fueron abriéndola a los fieles que vivían cerca, especialmente  en las principales festividades religiosas, que por esos años eran muy numerosas. Esto hizo que con el correr de los años, algunas de ellas se transformaran en la primera Iglesia pública del  sector donde se encontraban. Así por ejemplo, nace la primera “capilla pública” en  Los Rastrojos.

El 4 de julio de 1894, las hermanas Núñez  Celis, Carmen, Estefanía, Cruz, y  Margarita, cuatro hermanas mayores de edad y solteras en ese año, decidieron hacer entrega a la parroquia San Juan Evangelista de San Vicente, el terreno que habían heredado por la muerte de su madre, la señora Isidora Celis. En esa propiedad, la familia había construido una pequeña capilla consagrada a la devoción de la “Inmaculada Concepción de María Santísima”. A la propiedad se le estimó un avalúo aproximado de 625 pesos, y a ese monto se le aplicó un “censo” (un impuesto) del 4% anual. Los dineros provenientes de este 4% se destinarían por completo para  cubrir los gastos de mantención y  sostenimiento del culto de dicha  capilla.

Después de que todos los trámites legales se concluyeron, el martes 20 de noviembre de 1894, se abren oficialmente las puertas de la capilla a los feligreses rastrojinos, transformándose así, en la primera capilla pública de los Rastrojos.

Para realzar el nacimiento de la primera capilla pública en la localidad de Los Rastrojos, el cura párroco de San Vicente, había organizado una Misión para el último trimestre de ese año de 1894, que consideraba a San Vicente, Las Pataguas y Los Rastrojos. La congregación encargada de realizar las Misiones en las Pataguas fueron los Capuchinos, y los Padres del Corazón de María realizaron la de San Vicente y Los Rastrojos. Al finalizar dichas Misiones, el párroco de San Vicente informaba al Arzobispado de Santiago que habían sido un éxito ya que, “en todas (sumadas las tres localidades) comulgaron 5.000 personas. Fuera de ésta, 1.500 comuniones en la Parroquia (de San Vicente)”.

Transcurrido diez años que la capilla estaba entregada con censo a la iglesia de San Vicente, dos hermanas que aún se encontraban con vida, doña Cruz y doña Estefanía, deciden hacer sus testamentos. En él, deciden donar al Arzobispado de Santiago la  propiedad en la cual se encontraba la capilla de Los Rastrojos, sin censo alguno, pero a cambio de 24 misas en un año en nombre de ellas, más una Novena de Lourdes, todo esto,  en la propia capilla que ellas estaban haciendo donación. El Arzobispado acepta la donación, la cual se legaliza con el testamento de dichas hermanas el 23 de diciembre de 1914. De esta manera, la capilla que había sido de uso particular y que luego había sido entregada con censo a la Iglesia de San Vicente, pasaba a ser propiedad de la Iglesia Católica.

Pero las cosas cambiaron. Al pasar los años, murió doña Cruz Núñez  Celis, quedando viva sólo doña Estefanía, ella resuelve revocar el testamento en lo que respecta a su parte de la propiedad, decidiendo entregar dicha parte a don Gerardo Torrealba.

En esta nueva situación, el párroco de San Vicente en esos años, don Luis Guillermo Villarroel de la Rosa, no acepta seguir con el censo del 4% anual que tenía la propiedad, habiéndose cedido una parte de ella. Pide autorización a sus superiores directos, Obispado de Rancagua y a través de ellos al Arzobispado de Santiago, para vender los derechos de la propiedad a don Eleazar Gregorio  Torrealba, que dicho sea de paso, la familia Torrealba  era una distinguida familia de larga data en la zona de Los Rastrojos.

El Arzobispado de Santiago autoriza al párroco Villarroel para realizar la venta, estableciendo que “con cuyos intereses se deberá atender la Capilla”.

El 15 de septiembre de 1926, se juntan en la oficina del notario de San Vicente, don Eleazar Gerardo Torrealba y el cura párroco Luis Guillermo Villarroel, junto a testigos, para legalizar la venta de manera oficial.   El precio pagado por don Eleazar fue de tres mil pesos.

Terminado este trámite, de inmediato se legaliza otro, consistente en un “Mutuo Hipotecario”, es decir, un préstamo que hacía el párroco Villarroel  por los mismos tres mil pesos a don Eleazar Gerardo Torrealba, esta vez, con un interés del 8% anual. Los intereses, dice el documento, “pagaderos al vencimiento del plazo conjuntamente con el capital”, “quedando en garantía del capital y demás obligaciones” hipotecada la propiedad.

Los deslinde que tenía la propiedad a la cual me he referido en este artículo, eran los siguientes: “al norte con camino público y doña Magdalena Urzúa; al oriente con camino público; al sur, con propiedad de don Manuel Antonio Celis y otros o camino vecinal; y al poniente con predio de la citada doña Magdalena Urzúa”. En estos deslindes, que comprendían una superficie de una cuadra más o menos, nació la primera capilla pública en Los Rastrojos.

San Vicente de Tagua Tagua, martes 18 de julio de 2017